Acceso inclusivo y equitativo a la salud y educación pública en Honduras

Honduras es un país que se ubica entre los más desiguales del mundo, en la evaluación del Índice de Desarrollo Humano para el año 2019 ocupaba la posición 132 de 189 países que fueron evaluados, con un índice de 0.63[1] para ese año. Tomando en cuenta que para el año 2020 este índice ha empeorado y según el panorama actual seguirá peor.  

       En Honduras es evidente la creciente desigualdad y exclusión de las personas más vulnerables, entre las que puede identificarse la falta de respuestas a los problemas sociales por parte del gobierno. La falta de respuesta ha quedado aún más expuesta con la llegada del COVID-19. La respuesta y gestión se puede observar con las medidas de emergencia adoptadas durante la pandemia; especialmente, en ejecución a los presupuestos financieros para compras de hospitales, vacunas, medicamentos, suplementos entre otros. Si ven es cierto en el país el sistema de salud y educación, así como la gestión política ya eran carentes, así que no hay mucho que extrañar ante esta crisis.

       Es importante reconocer que, en Honduras, aunque posee un sistema público de salud y educación, no ha tenido servicios de calidad. Es necesario garantizar un acceso inclusivo y equitativo a esos servicios públicos de calidad y de manera eficiente durante esta crisis actual y después de la COVID-19.

       Recordando que el norte del país aún vive las secuelas de los huracanes ETA y IOTA que dejaron grandes pérdidas económicas a finales del año 2020. Por consiguiente, se necesitan mayores esfuerzos del gobierno para abordar el acceso inclusivo a los servicios básicos para aquellos grupos de personas más vulnerables.

       Cuando los sistemas de atención a la salud y la educación ya son carentes, es inevitable que se multiplique la vulnerabilidad y las brechas de desigualdad en una nación. Los más afectados seguirán siendo las personas que forman parte de las comunidades rurales, las personas más pobres, los pueblos indígenas, la niñez, las mujeres, las personas con discapacidad y las pertenecientes a la diversidad sexual. Esos grupos siguen siendo excluidos y sin garantías para sobrevivir en medio de una emergencia como la que enfrentamos actualmente.

Creo también que es importante reconocer los esfuerzos que han existidos y existen por parte de muchos docentes, enfermeras y médicos que están al frente del sistema de salud y educación; sin embargo, estos servicios ya estaban extremadamente carentes como lo mencione anteriormente, así que los esfuerzos de cambio y respuesta ante la crisis siguen siendo invisibles porque no se cuenta con los recursos suficientes y la dirección correcta de sus dirigentes.

       Como síntesis de esta reflexión, creo que hace falta mayor dinamismo en las agendas políticas, actuar de forma transparente, tener compromiso y respeto a la dignidad humana. Por su parte, debe de haber mayor inclusión para tomar en cuenta a los más vulnerables y excluidos. Se debe de trabajar más en terreno, siempre lo menciono, no puede gastarse el presupuesto público en acciones dirigidas a un solo sector, se tiene que priorizar en base a necesidades consideradas con estudios y hechos reales de la realidad existente.

       Por último mencionar que debe existir mayor trabajo conjunto del gobierno, cooperación internacional y sociedad civil. Esas prácticas deben de valorarse como una  positivas y darle mayor enfoque, permitir que acontezcan para generar participación y colaboración efectiva que dé como resultado mayores impactos positivos. Permitiendo así la inclusión, la gestión eficaz y el máximo desempeño ante la crisis actual y las diversas formas de recuperación sostenible post- pandemia.

Redactado por:

Arnaldo Rene Diaz
Master em Economía por la Universidad de Alfenas/Brasil
Director Ejecutivo de Ayudando a Honduras

[1] Según United Nations Develpment Program, ver más en ttp://hdr.undp.org/en/content/latest-human-development-index-ranking