Este articulo es una reflexión crítica por Arnaldo Rene Díaz Bonilla/Fundador de Ayudando a Honduras/pasante en Post-Grado en Economía en la Universidad Federal de Alfenas (UNIFAL), Brasil.

¡Estamos siendo invisibilizados! Invisibilizados es un término que según el diccionario RAE se refiere a algo oculto o disfrazado, apartado del entorno. En este artículo me voy a referir al término en el ámbito social, político y cultural referente a los jóvenes como grupo social; donde su presencia es oculta y se nos ve como minorías, estereotipados y con poca oportunidad de mostrar nuestra propia identidad para estar al mismo nivel de otros grupos en la sociedad que son vistos con mayor importancia.

Actualmente la Organización de las Naciones Unidas – 2019 (ONU), estima que existen unos 1,800 millones de jóvenes en todo el mundo. Al menos 175 millones no pueden leer o escribir, mientras que otros 500 millones que tienen entre 15 a 24 años de edad viven con menos de dos dólares al día. En ese contexto que atraviesan las juventudes, la ONU declaró desde 1999 el 12 de agosto como el Día Internacional de Juventudes, donde diversas agencias del organismo, los estados miembros y la sociedad civil se suman a fortalecer a las juventudes con acciones en varios temas que contempla el cumplimiento de la agenda 2030; siendo específicos, buscan cumplir acciones concretas vinculadas a; educación, salud, clima, participación, derechos humanos, empleo etc., con el fin de cambiar las realidades que atraviesan millones de jóvenes en todo el mundo.

Fotografía César Julián

Consideremos que América Latina; es una de las regiones del mundo donde los adolescentes y jóvenes se encuentran más alejados de conseguir las condiciones necesarias para el desarrollo de sus vidas.  Según la Organización Panamericana de la Salud – 2018 (OPS), solo en América Latina viven unos 235 millones de personas adolescentes y jóvenes (de 10 a 24 años). En nuestra región los altos índices de pobreza son extremos; tal es el caso de Honduras para el 2018, con un índice del 61.9%, superando a Guatemala con el 59.3% según datos del Banco Mundial; siendo la pobreza uno de los mayores detonante de la migración y desplazamiento forzado, que comparado con el resto del mundo representan un índice muy alto. Tomando a Honduras como referente, según el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas (ONU-DAES), para el 2019 se registraron 1,298,383 personas emigrantes (viviendo fuera de Honduras), de los cuales se encuentran registrados 366,562 personas deportados en los últimos 5 años, según los registros del Observatorio Migratorio y Consular de Honduras -CONMIGHO, lo que representa aproximadamente un 10% de la población del país migrando forzadamente.  Lo cierto es que las principales causas de la migración son las altas tasas de homicidios, conflictos sociales y políticos, pobreza extrema y las pocas oportunidades de progreso de las cuales la mayoría de las personas en el país no poseen, lo que en resumen es una carencia de las condiciones de vida.

Después de todo este contexto de cifras, que para muchas Instituciones y en especial para los gobiernos no son más que simples estadísticas, pues hoy quiero reflexionar sobre los verdaderos invisibilizados; “Nosotros los jóvenes”, pero haciendo un paréntesis; me voy a referirme a jóvenes invisibilizados como todo aquel que no ha sido tomado en cuenta para ser sujeto de derechos, que han sido vistos desde la estigmatización social por el simple hecho de ser jóvenes; aquellos que viven en las comunidades rurales, los que no cuentan con los recursos suficientes para vivir, los que no tienen acceso a una escuela, los sufren una discapacidad física, los que crecieron sin sus padres, los que están viviendo en las calles, las niñas adolescentes que dejaron de serlo para ser madres producto de una violación, los que por su sexualidad han sido señalados como diferentes, los discriminados por su raza, los refugiados y migrantes, los que por su pensamiento,  han sido marcados como no gratos, para esta sociedad que nos ha negado nuestros derechos; a la paz, al amor y a la solidaridad entre nosotros mismos y a la igualdad de oportunidades, que son fundamental para el goce de una vida plena.

Nos hemos cansado y los pocos que logramos alzar la voz somos amenazados, excluidos, etiquetados y miles han sido asesinados. Nos quieren apagar y los principales opresores son los gobiernos corruptos, los grupos religiosos conservadores y las instituciones disfrazadas de proteger al pueblo. Cabe mencionar que este sistema extremista es dirigido por adultos; los que se olvidaron que un día fueron jóvenes y tuvieron sueños y metas para su vida y ahora en el poder solo se han ambicionado de autoridad.

Hoy vivimos una etapa de desafíos para la juventud, donde nos sentimos olvidados, estamos fuera de agenda de desarrollo, de los compromisos que muchos gobiernos han firmados ante la ONU y otros organismos internacionales. Les culpamos a ellos porque son los gobiernos los principales responsables de nuestro desarrollo, pero lastimosamente seguimos viviendo lo contrario, en este contexto social y político opresor; donde los principales tiranos son quienes deberían de defendernos.

 

 

Fotografía César Julián

Para entender la situación actual de la juventud es necesario definir tres puntos fundamentales de las juventudes y su papel ante los desafíos que los invisibiliza:

1.  La juventud como condición social, siempre está sometida a la adultez, quienes han establecido sus propias reglas y control sin darse cuenta de los nuevos cambios para lograr la aceptación al entorno y poder los jóvenes se enfrentar a los desafíos de la nueva era de la tecnología, la innovación, la educación holística y ya no permanecer como sujeto, que muchas veces se atentan contra su propia vocación.

2. El componente clave en la juventud de hoy es entender la situación social de las y los jóvenes, entender su gran diversidad social, cultural, que poseen las características juveniles de acuerdo a su edad, sexo, origen, grado de educación, condiciones físicas, clase social y política. Pues la etapa de desarrollo de la juventud es el proceso más ideal para nuestra formación, empoderamiento y el momento indicado para darnos la oportunidad de elegir con libertad nuestra propia identidad, tal como somos y lo que queremos para asegurar nuestro futuro.

3. La integración de los jóvenes como sujetos de derechos y promotores del cambio social, frente a un mundo disruptivo. Los jóvenes hoy en día somos presente y no simplemente futuro, pues hemos despertado y nuestra lucha por ese respeto a nuestra forma de vida nos tiene en las calles, nos ha indignado y estamos reclamando esas garantías, es decir estamos buscando construir la relación más apropiada que deben de establecerse entre los gobiernos y las instituciones sociales (familia, escuela, trabajo, desarrollo) con los jóvenes, en la era de la tecnología, la innovación y las oportunidades circulares, al alcance de todos y de acuerdo a sus capacidades, sin que nadie se quede atrás.

En resumen; la formación, las oportunidades de desarrollo, los espacios culturales y toda forma de progreso para la juventud, deben de ser lideradas por nosotros mismos los jóvenes, quienes pensamos y actuamos de acuerdo a nuestro sentir, no podemos seguir siendo marginados por adultos que olvidaron su juventud y ahora lideran el sistema. Todos los países de América Latina, tienen grandes proyectos y programas en papel, pocos en acción donde se sigue el marco del cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030 liderada por la ONU, así como las políticas públicas, agendas locales y regionales de juventud que promueven el desarrollo, pero lastimosamente son pocos los programas que llegan a los más invisibilizados. No podemos lograr el desarrollo, sin inclusión de todos; principalmente a los que por años no han sido tomados en cuenta.

Invito a todos los jóvenes, en especial a los de nuestra región que no sigamos en ese silencio, que alcemos la voz y promovamos el cambio para vencer las barreras que nos invisibilizan; hoy tenemos las redes sociales y muchas herramientas innovadoras, las cuales debemos de utilizar a nuestro favor; para demandar, para exigir, pero también para ser agentes de cambio y demostrar nuestra capacidad.

 Fotografía César Julián

Fotografía César Julián