ABUSO SEXUAL CONTRA LAS MUJERES EN HONDURAS ENTRE PANDEMIA Y HURACANES

Honduras llega al octavo mes en situación de confinamiento; más de 90 países están en la misma situación y alrededor de 4, 000 millones de personas se refugian en casa ante el riesgo mundial de contagio de la COVID-19.[1] El confinamiento se trata de una medida de protección de la vida; pero conlleva otro peligro mortal, ante el que son las mujeres las mayormente expuestas. En este tiempo de encierro se ha visto como aumenta otra pandemia, una que crece entre las sombras y el silencio: la violencia sexual contra las niñas, niños, adolescentes, jóvenes y principalmente contra las mujeres.

La violencia sexual va en aumentado, en las comunidades rurales y las zonas urbanas más pobres, donde las mentes abiertas, el poder de decisión de las mujeres, y la autonomía de los cuerpos, siguen siendo una utopía. Tierra adentro (rural), la violencia sexual (entiéndase esta, como la constante en todas las violencias), se vive “en vivo y a todo color”, cada día los actos de violencia que ocurren, quedan impunes y el falocentrismo gobierna como un dios. Históricamente el poder masculino sobre el cuerpo de las niñas y mujeres ha dominado e impuesto roles de género que perpetúan la violencia y la desigualdad; la pandemia y el confinamiento han puesto en evidencia la veracidad de esta afirmación.

Los casos de abuso sexual durante la crisis de la COVID-19 en Honduras, han aumentado de forma alarmante, el Centro de Derechos de las Mujeres (CDM) contabiliza un total de 80 casos de violación sexual en niñas y mujeres, sólo de marzo a octubre de 2020.[2] Las sobrevivientes de violencia sexual conviven con sus violadores en casa, en su comunidad y ahora en los albergues. El confinamiento y la impunidad, el hacinamiento y la falta de planes de asistencia humanitaria con enfoque de género, ha facilitado a los agresores el medio para perpetuar más violencias contra las mujeres.

Hace unos días la DINAF recibió la denuncia de al menos 3 casos de violaciones dentro de los albergues habilitados para las personas que han quedado damnificadas ante las inundaciones generadas por los huracanes Iota y Eta. Pero, la DINAF no alcanza en muchos casos, no llega hasta las comunidades más lejanas, por ejemplo, las de zonas rurales, más alejadas de la urbanización.

Ayudando a Honduras, conoció del caso de una niña de 7 años, abusada sexualmente por un pedófilo denominado “hermano de la iglesia” , aunque la abuela de la niña logró evitar que sucedieran cosas peores contra la pequeña, al percatarse de lo sucedido, saco fuerzas para encerrarlo en un cuarto y mantenerlo detenido al agresor desde el lunes hasta el miércoles que fueron a denunciarlo a la policía y la abuela con la niña pudieron presentarse a los juzgados. Esa dificultad de no tener acceso a la justicia, de no contar con una posta policial se complicó con los huracanes IOTA y ETA, pues las comunidades quedaron incomunicadas y la familia debió esperar a que el caudal de los ríos bajaran para interponer la denuncia en la posta policial del centro de Jutiapa.

Para está niña no hubo “profilaxis contra el VIH”, no hay asistencia psicológica y medica cercana y por supuesto hay un enorme temor para ella y su familia ante posibles represalias, hasta por contar “su versión” para la para autoridades.

Aunque el violador fue capturado, pero la presión hacia la familia y los comentarios después de lo ocurrido en la comunidad, además del abuso sexual hacia la niña, uno de los actos más repugnantes que como sociedad podemos perpetuar en conjunto. La falsa moral busca inmovilizarnos, como en este caso, los comentarios de “el señor es religioso, déjelo libre y ponga todo en las manos del Señor” o la presión entre las familias con consejos como “dejemos esto en silencio y no lo denuncie”, “perdónelo por la mamá” y en definitiva, la más grotesca presión hacia la familia, “búsqueda de culpabilidad en la víctima” con comentarios como “la niña tuvo culpa por no gritar y decir que la estaban violando”“esa niña es la caliente”, “una buena castigada es lo que quería para que deje de caliente”, “es varonera, por eso le pasan esas cosas”.

“Honduras es uno de los peores países para ser mujer”, y se puede ver reflejado en la realidad que viven las mujeres que residen en las zonas rurales, la cual es precaria, difícil y VIOLENTA al máximo nivel.  

“Seguimos luchando y resistiendo porque darnos por vencidas no es opción”, pero la suma de crisis por pandemia y una catástrofe por Huracanes, es realmente duro de sobrellevar. La foto de los albergues y el triste “paisaje” de mendicidad en las calles, tiene rostro de niñas, niños y mujeres.


Créditos fotográficos: Jorge Alexander M.

ES URGENTE QUE LA JUSTICIA, LA ATENCIÓN EN SALUD Y LA GARANTÍA DE DERECHOS TAMBIÉN LLEGUE A “LAS DESCALZAS; TAMBIÉN SEA PARA TODAS”.


[1] ONU MUJERES, ver reporte en: //www.unwomen.org/es/news/stories/2020/4/statement-ed-phumzile-violence-against-women-during-pandemic//

[2] Centro de Derechos de las Mujeres (CDM) ver reporte en: http://derechosdelamujer.org/project/2020/

Las comunidades rurales en su proceso de resiliencia ante el COVID-19 en Honduras

En este artículo queremos mostrarle la resiliencia que están enfrentando muchas de las comunidades rurales para hacer frente a este problema de salud pública.

Escrito por Rene Díaz y Jorge Solíz (voluntarios de Ayudando a Honduras)

El COVID-19, según lo indica la Organización Mundial de la Salud (OMS), los coronavirus son una gran familia de virus que causan enfermedades que van desde el resfriado común hasta enfermedades más graves. 
El SARS-CoV-2 es un nuevo tipo de coronavirus, detectado por primera vez en diciembre de 2019, que afecta a personas y produce la enfermedad COVID-19. Actualmente en todos los países del mundo se encuentran en estado de alarma, donde tenemos unos 4,708,388 casos confirmados y unas 281,313 muertes a nivel mundial, en Honduras ya se confirman 1,830 contagiados y 108 muertes, según el mapa de la Johns Hopkins University. Esta situación limita el movimiento de los ciudadanos en todos los niveles con el fin de afrontar la situación de emergencia sanitaria provocada por el COVID-19 y evitar su trasmisión.

Las comunidades rurales sabemos que históricamente han vivido con los más altos niveles de desigualdad social especialmente en las áreas de salud y educación, ante la pandemia del COVID-19, se ha visto a un más la necesidad de contar con Centros de Salud, farmacias y respuesta inmediata por los gobiernos. En este artículo queremos mostrarle la resiliencia que están enfrentando muchas de las comunidades rurales para hacer frente a este problema de salud pública.

En estas comunidades para la vigilancia organizada participan hombres y mujeres.

Desde La Cumbre, en el municipio de La Másica, Atlántida en Honduras, compartimos una buena práctica de auto cuido, protección y vigilancia que las comunidades rurales de este sector han implementado. Este sector se denomina la Zona Alta (incluye unas 7 comunidades del sector), donde se sus pobladores se han organizamos para crear “Comités de Vigilancia” en la entrada de la carretera principal que conduce al sector, estas personas se han enfocado en empoderar a las comunidades del cuidado y en su organización cada comunidad envía a dos personas por comunidad donde trabajan en su vigilancia hasta por 12 horas para estar rotándose por turnos diurnos y nocturnos.

Entre las medidas tomadas para evitar la propagación del virus están las siguientes:

  1. Cuando una persona llega al punto de control, coloca sus pies a una alfombra con cloro,
  2. se le toma la temperatura y se le aplica gel antibacterial en las manos,
  3. y también se desinfectan el medio de transporte que utiliza si lo quiere ingresar a la comunidad,
  4. si llega una persona nueva a la comunidad se llama a las autoridades de salud para que le haga un chequeo general, una vez ellos analizan a las personas les dan el visto bueno si la dejan pasar o no, estas personas se les hace firmar una hoja donde se comprometen a estar 14 días en la casa, junto al resto de familiares que vivan en ellas y si no cumplen con eso la familia es llevada a un lugar de aislamiento que tienen las autoridades municipales.
  5. Los camiones repartidores de productos que abastecen los negocios locales, llegan hasta este lugar a entregar los productos a los dueños de los negocios y así abastecerse de alimentos básicos.

Cabe mencionar que las personas que están en el punto de control, están tomando todas las medidas de seguridad; como uso de mascarillas, gel y su servicio es voluntario, con el único compromiso de velar por el bienestar de las comunidades con los pocos recursos que poseen.

Podemos observar una mujer haciendo su respectiva sanitización a un trabajador del campo.

Cuando se inició con esta iniciativa hubo muchos casos de personas de poder que tienen propiedades en el sector querían quitar a los cuidadores de la comunidad utilizando hasta la política, pero las mismas autoridades dieron la razón del gran trabajo que hacen los habitantes de la comunidad y que están siguiendo todos los mandatos de SINAGER en el control de la circulación, sin violentar los derechos de las personas.

Las comunidades rurales de esta zona han tratado de ser más resilientes en los últimos años, entre producir sus granos básicos, tener sus huertos, han aumentado el número de estudiantes matriculados en el Sistema de Aprendizaje Tutorial (SAT), el cual es brinda muchas herramientas para la autosostenibilidad de las comunidades. Además se les está motivando a sus familiares y la comunidad entera en a generar capacidades equilibradamente entre los medios de vida, el cuidado del medio ambiente y el desarrollo social.

Sin embargo los pobladores comentan que la crisis inesperada por este virus, los ha afecta muchísimo porque no pueden realizar sus actividades de trabajo como lo hacían antes, se han visto limitados a comercializar sus productos que vendían en el pueblo, los escases de ciertos productos de comida cada vez se escasean más y las fuentes de trabajo han disminuido y por el momento no ven respuestas inmediatas y mucho menos a largo tiempo por parte de los gobiernos locales. Incluso las personas que cuidan la vigilancia de estas comunidades, no tienen que comer y solo están con pequeñas donaciones que les regalan las personas de buen corazón.

Estas comunidades hacen un llamado a los gobiernos locales y los empresarios de la zona a solidarizarse con las necesidades básicas como comida y salud para las personas de la zona.

Una mujer espera su entrada a la comunidad.

Esperando que estas buenas prácticas se sigan replicando en el resto de comunidades, sobre todo respetando los derechos humanos, las medidas preventivas y motivando la educación en las familias para prevenir la transmisión del virus.

Referencias

  1. Organización Panamerica de la Salud – OPS/OMS, enfermedades por Coronavirus  (COVID -19), disponible en https://www.paho.org/es/tag/enfermedad-por-coronavirus-covid-19, consultado el 10 de may. 2020.
  2. Johns Hopkins University, Centro de Recursos del Coronavirus (Mapa actualizado) ver en https://coronavirus.jhu.edu/map.html consultado el 10 de may. 2020.
  3. Despacho de Comunicaciones y Estrategia Presidencial, Covid-19 Honduras, disponible en https://covid19honduras.org/ consultado el 10 de may. 2020.